En la anorexia pierdes lentamente todo. Si crees que tienes algún síntoma, pide ayuda, manéjalo, termina con él, o él avanzará lenta, muy lentamente hasta hacerte perder todo.
Hasta ahora me he puesto a enumerar lo que tenía, veo que SÍ, SI TUVE MIL PÉRDIDAS:
La memoria se me bloqueo. Ya muchos años después, puedo recordar. Estando ahí procuraba no reflexionar, ni sentirme víctima.
La cuestión de mis dientes es algo penoso, tenía ya la mayoría picados. La acidez de la boca era muy fuerte y si volvía el estómago me quemaba todo.
El pelo se me iba cayendo por puños. A pesar de que tenía muchísimo, cada vez era mas fácil peinarme, y más difícil mantener limpio el cepillo.
Mi cuerpo seguía lleno como de bello y sumamente reseco. Pero no me lo veía, el espejo del baño era muy pequeño, y como siempre tenía frió estaba bien tapada.
Perdí contacto con todas mis amigas, que por esos tiempos no entendieron nada, y después ha sido difícil reencontrarnos.
Mi cutis era verde y reseco, si procuraba pintarme, pero ¿para qué? Me daba flojera, por lo cual era cada día más esporádico.
Perdí mi autoestima: CLARO, quien iba a querer a una persona loca. Que había vivido en manicomios.
También perdí la alegría de la vida: Siempre me sentía triste, y vivir con gente enferma, pensando que eres parte de ellas, no me ayudo.
Perdí tiempo, tiempo precioso, que no se recupera. Ahora que lo escribo me duele, pero tal vez lo pueda recuperar ayudando a quien esté con anorexia o desórdenes alimenticios, y procure no desaprovechar la vida. La vida es una, y tiene su tiempo.
Comprendí, que no sabía por qué no podía con la comida, pero que había otras cosas que todavía no perdía: la capacidad de amar.
Amar a Dios, al que le reclamaba por no ayudarme a superar tal bajeza.
También me dí cuenta de que era como tener 2 personalidades:
1. La normal, que ya no era tan normal (pero algo me quedaba).
2.La real: La vive pensando en como evitar la comida, como tener fuerzas, como conseguir dinero para los laxantes y anfetaminas…tan ensimismada, que deja de poner atención al medio que le rodea, y pierde contacto con la realidad.
Había recibido mucho en la vida, y finalmente lo dejaba ir. No podía retener nada. Ni sabía como hacerle.
Se que cada quien tiene su camino, pero en medio de mis enredos y de mis tonterías, siempre había algo que me consolara, como pensar en la parábola del hijo prodigo.
Finalmente si había algo bueno: Ya no consumía anfetaminas.
¡Batalla ganada!